Sede del museo de Louvre, en LENS

Hace ya mucho tiempo que el hogar de la Gioconda ha trascendido el mundo artístico de élite, para pasar a formar parte de la cultura general de los ciudadanos e incluso del entretenimiento. Por eso no es de extrañar que la noticia de la apertura de una sede del Louvre haya generado tanta expectación.

Vue extérieure panoramique

Fotos Cortesía SANAA – Photo Hisao Suzuki

En realidad, una de las primeras cosas que uno se plantea es si puede existir “otro Louvre”, dada la cantidad de connotaciones asociadas al museo parisino. Pero es que ha quedado pequeño, una vez más, ante la enorme cantidad de propiedades artísticas que atesora.

El antiguo Palacio Real de París ha tenido que ser ampliado en varias ocasiones desde su apertura como museo en 1793, destacando la actuación dirigida por el arquitecto chino-estadounidense Ieoh Ming Pei, ya nonagenario. Una vez inaugurada la reforma, en 1989, se consolidó la imagen característica del Louvre con su pirámide de vidrio en el centro del patio, a través de la que uno se interna en el museo.

En 2003 el Ministro de Cultura francés manifestó la intención del gobierno por iniciar un proceso de democratización y descentralización de las instituciones culturales del país, muchas de las cuales tenían su sede en París. Así sucedió con el famoso Centro Pompidou, que acabaría inaugurando en 2010 su nueva sede, proyectada por Shigeru Ban y Jean de Gastines.

Vue extérieure côté Nord

Fotos Cortesía SANAA – Photo Hisao Suzuki

El Louvre inició un proceso similar: seis ciudades de toda la geografía francesa, cada una con sus ventajas e inconvenientes, se presentaron como candidatas a acoger la nueva sede del museo, hasta que a finales de 2004 se anunció que la elegida era la norteña localidad de Lens. ¿Por qué? En primer lugar por su situación geográfica, cercana a París, Londres o Bruselas, con unas buenas infraestructuras de transporte. Pero además, Lens era una localidad de pasado minero que no había acabado de encontrar una alternativa de desarrollo económico a la extracción de carbón.

Se pretendía versionar el éxito conseguido años atrás con la nueva sede del museo Guggenheim en la ciudad española de Bilbao, también sufridora de una crisis industrial. Se presentaba una gran oportunidad para dinamizar el área de Lens mediante el turismo que le aportaría el nuevo Louvre. También jugó a favor de la candidatura el hecho de disponer de una enorme superficie para la construcción del museo, que había estado ocupada décadas atrás por una mina de carbón.

Una vez decidido el lugar, había que pasar a la siguiente fase: el edificio. En enero de 2005 se convocó un concurso internacional de proyectos. De entre las más de cien propuestas arquitectónicas recibidas, se preseleccionaron las de seis equipos, y finalmente, en septiembre de ese mismo año, se eligió el proyecto presentado por los estudios SANAA, Imrey Culbert y Catherine Mosbach. Más tarde se añadiría la colaboración del estudio Adrien Gardere para el diseño del proyecto museográfico. Las obras se iniciaron en 2010 y finalmente la inauguración y apertura al público tuvieron lugar en diciembre de 2012.

Vue extérieure nuit

Fotos Cortesía SANAA – Photo Hisao Suzuki

Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa son los coordinadores del equipo redactor del proyecto, y más concretamente, del estudio japonés SANAA, premio Pritzker de Arquitectura en 2010. Sejima es la única mujer, junto a la iraquí Zaha Hadid, que ha recibido esta distinción, circunstancia que se vuelve más llamativa por el hecho de haberse formado en la Universidad de Mujeres de Japón. Ella se inicia en la profesión trabajando en el estudio de Toyo Ito, (premio Pritzker en 2013), para pasar a crear su propio despacho en 1987. Ryue Nishizawa entrará como colaborador a principios de los 90, hasta que finalmente, en 1995, deciden asociarse con el nombre de SANAA (Sejima + Nishizawa and Associates). Llama la atención este encadenamiento de maestros y discípulos, aunque paradójicamente hayan recibido antes el Pritzker estos últimos.

retrato SANAA 2

Los arquitectos Ryue Nishizawa y Kazuyo Sejima (SANAA)

La arquitectura de Sejima, y luego la de SANAA, se han caracterizado por su minimalismo y abstracción, casi asepsia. Pero esas características comunes deben producir sensaciones bien distintas, dependiendo de que el protagonista de la vivencia sea alguien que sólo quiere descansar en su espacio doméstico de la Residencia de Mujeres Saishunkan (Kumamoto, Japón, 1991), o en un visitante de sus museos de arte contemporáneo (Kanazawa, 2004, o Nueva York, 2007), ávido de estímulos estéticos.

En Lens se trataba de abordar nuevamente un museo, aunque de características especiales. La parcela disponible, de 20 hectáreas de superficie, se corresponde con la ubicación de la antigua mina Nº 9, clausurada en 1960. Constituye una extensa área abierta entre barrios de viviendas unifamiliares, cerca del centro de la ciudad.

“A partir del deseo de mantener la amplitud del lugar y con el fin de reducir el impacto de este proyecto de gran escala, el edificio se fragmentó en varias piezas. Mediante su tamaño y disposición, adaptándose a la topografía, los edificios alcanzan un equilibrio con la escala del lugar y el trazado de los caminos, características del paisaje que evocan su pasado minero”, explican los proyectistas de SANAA. Se trataba de que, sin dejar de tener la presencia y entidad necesarias para una institución como el Louvre, los edificios resultantes se integrasen en un entorno formado principalmente por piezas de pequeña escala, para lo cual, según comentan, se utilizó además otra estrategia: “el proyecto elude tanto las formas estrictas y rectilíneas, que habrían entrado en conflicto con el carácter delicado del lugar, como las formas libres que habrían sido demasiado restrictivas desde el punto de vista del funcionamiento interno del museo”.

De este modo el volumen total se descompone en siete fragmentos, cinco de los cuales están unidos entre sí como si fuesen botes varados en un muelle. La pieza central, casi cuadrada, constituye el vestíbulo de acceso principal al conjunto, a la que se encadenan la sala de exposiciones temporales y el auditorio, por un lado, y la Galería del Tiempo y el pabellón de vidrio por el otro. Completan el conjunto los edificios que alojan, respectivamente el restaurante y la administración, aislados respecto a los anteriores, pero relacionados con los barrios vecinos.

Hall d'accueil - 2

Fotos Cortesía SANAA – Photo Hisao Suzuki

Esta vocación de integrar el museo en la ciudad se refuerza con la propuesta del vestíbulo de acceso, que es, según los autores, “un auténtico espacio público para la ciudad de Lens. Es transparente, se abre al entorno en varias direcciones y puede atravesarse para acceder a los diferentes barrios de la ciudad”. Se trata de una superficie diáfana de 4.000m2 dentro de la cual van apareciendo pequeños recintos de formas curvas, las burbujas, que “parecen flotar en el interior del vestíbulo”, según la idea del proyecto, y que acaban materializándose con funciones de librería, cafetería o centro de recursos. Pero el vestíbulo permite también el acceso a un nivel inferior que, como todo sótano que se precie, es una invitación a lo desconocido. Allí abajo el visitante tiene la ocasión de contemplar las zonas de almacenamiento y de restauración de obras de arte, que en otros edificios suelen permanecer ocultas a los ojos del público.

El Louvre de Lens no exhibe una colección en propiedad. La idea es tomar prestadas piezas pertenecientes al museo de París, pero también de otros centros. La superficie de exposición se despliega en dos pabellones adosados al volumen del vestíbulo principal. Se trata, en ambos casos, de amplios espacios diáfanos en los que el visitante divisa de un sólo golpe la multitud de obras de arte que le esperan. El estudio de Adrien Gardère ha sido el encargado de diseñar estas zonas de exposición. La propuesta consiste en evitar tabiques y mobiliario en la medida de lo posible, estableciendo en su lugar divisiones conceptuales que se manifiestan físicamente mediante la agrupación de obras de arte que tengan argumentos comunes.

Hall d'accueil - 3

Fotos Cortesía SANAA – Photo Hisao Suzuki

De los dos pabellones de exposiciones, la Galería del Tiempo es la que tiene una vocación más estable: acogerá durante aproximadamente cinco años a importantes piezas de la historia del arte, desde la Antigüedad (Mesopotamia, Egipto, Grecia o Roma) hasta el siglo XIX. Se pueden ver obras de Botticelli, Rafael, El Greco, Rubens, Rembrandt o Goya.

Por su parte, el otro pabellón albergará exposiciones con una duración de entre tres y seis meses, como la dedicada al Renacimiento, con piezas pertenecientes al Louvre de París, o la que protagonizó Rubens, que incluyó además obras de otros museos.

Como se ha señalado, la relación de los edificios con el entorno ha tenido un papel fundamental en la propuesta. Desde SANAA comentan que “los espacios están delimitados por una fachada de aluminio pulido anodizado, que devuelve una imagen borrosa y difusa de las figuras, que van cambiando al caminar en función del paisaje y la luz del momento”. El artífice principal del diseño de las zonas exteriores ha sido el estudio de paisajismo de Catherine Mosbach.

El coste total de la puesta en marcha de todo este despliegue ha sido superior a los 150 millones de euros. Ahora toca comprobar si la inversión realizada genera finalmente dinámicas económicas positivas en la ciudad de Lens y en toda la región.

Paris Louvre

Foto Cortesía 2012 Musée du Louvre / Olivier Ouadah

 

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