Panamá

Es fascinante recorrer ciudades mirando sus arquitecturas, imaginando a los autores e intuyendo lo que tuvieron en mente al hacer el diseño. Sin duda hay eclecticismo en el paisaje panameño, es como un muestrario que cuenta la historia de distintas épocas y de generaciones que tuvieron diferentes necesidades.

Cuando al andar distingo algo que destaca por cualquier particularidad, me detengo e indago, investigo sobre su autor y la naturaleza de la obra, con la finalidad de mostrar sus trazos en estas páginas. Así di con el Arq. Gustavo Arango, y encontré la oportunidad de entrevistarlo. Fama y juventud se conjugan en una persona cuya filosofía de trabajo y de vida me sorprendieron desde el primer momento.

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Arq. Gustavo Arango

Sus estudios secundarios lo terminó en una abadía de monjes benedictinos que acogía a 127 estudiantes y estaba en medio de las montañas de Arkansas. Estudió arquitectura en la Universidad de Arkansas, y obtuvo su Maestría de Arquitectura en Diseño Urbano en la prestigiosa Universidad de Harvard. En esta agradable conversación descubro su filosofía profesional y su esencia humana.

¿Cómo se integra tu arquitectura al tejido urbano de la ciudad?

Vamos a los antecedentes, al pensamiento que precede a la acción. Después de trabajar en algunas firmas de arquitectura llegue a la conclusión de que tenía que encontrar una manera de lograr que mi trabajo tuviera cierta relevancia, que no cayera en lo que caen muchos arquitectos, que es ser juzgados nada más en el plano estético.

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Valmy

¿Maximizar tus habilidades profesionales?

Los arquitectos suelen minimizar su rol ante la sociedad abandonando las preguntas difíciles y los temas pragmáticos de los proyectos, prestando más atención a la forma que al fondo. Esto los lleva a ser muy elogiados por los colegios de arquitectura y las revistas de moda, pero si una casa espectacular tiene goteras, no logra su rol más primario: ser hogar. El objetivo no está siendo cumplido.

¿Hay equilibrio entre lo pragmático y lo estético?

La arquitectura debe tener alma, y para ello hay que balancear ambos conceptos. Lo que pasa en gran medida con esta profesión es que el arquitecto, es una persona visual, e instintivamente atiende primero la respuesta visual en lugar de hacer el trabajo arduo, que es ese proceso arqueológico para entender cuál es la problemática que un proyecto en particular debe resolver.

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Valmy

Es decir, ¿diseñar de acuerdo a un objetivo práctico?

Cada proyecto tiene sus propias interrogantes y debe compaginar con una ciudad. Nuestro mayor logro es que nuestros proyectos nada tienen que ver el uno con el otro. Esto es totalmente contrario a la práctica común de la arquitectura, en donde los arquitectos se pasan toda una vida tratando de crear una estética propia. Valoran que sus obras sean reconocidas al mirarlas, que se pueda identificar a su autor… este es un Frank Gehry, o un Santiago Calatrava, o un Marqués de Riscal… Sin duda son arquitectos que han pasado a la historia por su excelencia y dejaron su huella en cada obra, pero nuestra filosofía es diametralmente opuesta.

Elaboremos…

Nuestro proceso se acerca más al de los creativos en una agencia publicitaria, que se dedican a conocer a fondo cada producto para producir simultáneamente campañas distintas. Las campañas son creadas por las mismas mentes, a través de una misma línea de producción, pero darán distintas respuestas a cada necesidad. El equipo humano de Arango+ funciona igual, primero conocemos y entendemos cada producto, y luego generamos respuestas que no son egocentristas en relación a la vanidad del arquitecto, sino “clientecentrista”, donde el cliente y su producto son el centro de lo que será la respuesta.

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Dimo

¿De dónde nace el proceso creativo?

Si tuviera que catalogar diría que siempre recibimos tres insumos. El primero es físico: el terreno. Hay que analizarlo para identificar qué limitantes tiene en materia de retiros, densidad, vistas, iluminación natural, etc. El segundo es el pragmático: la lista de requisitos del cliente para satisfacer todas sus necesidades. El tercero es el abstracto: entender las sensaciones y emociones que la persona quiere sentir cuando llegue a su casa, oficina, local comercial o lo que fuere. El proceso creativo es un balance de estos tres insumos.

¿Un ejemplo práctico de balance de estos insumos?

Cuando empezamos a diseñar este edificio aquí no había nada. Lo primero que hicimos fue buscar información a través de censos para entender cuántos m2 de oficinas iban a entrar en el mercado en los próximos tres años. Esto fue hace cinco años, cuando el parque total de m2 de oficinas de todas las categorías era de 350.000m2 en Ciudad de Panamá. En los próximos tres años iban a entrar al mercado 350.000m2 más, es decir que se iba a duplicar la oferta.

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Dimo

¿Aún así pensaron que sería un buen negocio?

Ese indicador nos empezó a decir que más vale que este edificio sea distinto, porque de lo contrario entraría a competir con todo ese mar de productos y quién sabe cuál hubiese sido el resultado. Tomamos el primer insumo: el terreno que es rectangular. Estudiamos sus limitantes: en ese entonces no se podía hacer más de seis pisos de altura. Sus ventajas: el mayor activo es la vista hacia la cancha de golf. Su defecto: hacia el otro lado la vista no era tan buena porque está el parque industrial.

¿Siguiente paso?

Dar valor a todas las oficinas que se construirían. La mayoría de los edificios de oficinas en Panamá destinan los primeros pisos a estacionamientos y luego tienes las oficinas arriba. Eso es bastante la norma en esta ciudad. Todos los edificios tienen un “hacia adelante”, que es donde está esa vista maravillosa, y un hacia “atrás”, que no tiene vista o la tiene mala. Según esto, el 50% de m2 que construyas va a valer la mitad.

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Torre Argos

¿Cuál fue la estrategia para dar igual valor a todas las oficinas?

Se podría decir que volteamos el edificio. En lugar de que los estacionamientos se hagan en los primeros pisos los hicimos hacia la parte de atrás, y colocamos todas las oficinas en la parte de adelante logrando que el 100% de m2 tengan esta espectacular vista hacia la cancha de golf. Sin perder los pisos de estacionamientos maximizamos el valor de los m2 de oficinas. Además establecimos un valor diferenciador muy importante: fuimos el único edificio en Panamá en el que podías subir en tu vehículo hasta el mismo nivel de tu oficina, y estacionarlo a la puerta.

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Torre Argos

¿Un diferenciador fantástico que vino del análisis pragmático / funcional / comercial?

Exacto. El proyecto nació de esas fuerzas que son el génesis de la arquitectura, pero, por absurdo que sea, no siempre son la base conceptual del diseño. Nuestra siguiente pregunta fue entender qué iba a suceder entre el bloque de estacionamientos y el bloque de oficinas, cómo iban a pegarse uno al otro. La decisión fue colocar un gran atrio entre los dos bloques, que es un gran espacio por donde se ingresa al edificio, y además permite que el 100% de las oficinas tengan luz natural.

¿El cascarón exterior fue lo último en diseñarse?

El resto de las decisiones de diseño las tomamos para ir apuntalando los elementos principales. Por ejemplo, la fachada de aluminio es como tejida, es bastante llamativa y divertida, pero tiene el propósito de permitir el ingreso de luz natural a los estacionamientos durante el día para que no sea necesario usar luz artificial. Además es una fachada que respira y permite el flujo de brisas, por lo que tampoco tuvimos que invertir en ventilación mecánica. Otro ejemplo, la distancia que hay entre los marcos de aluminio en las ventanas es 1.60m., porque hicimos la tarea de averiguar de qué dimensiones llegaban las láminas de vidrio a Panamá, y es de 3.20m., entonces modulamos la fachada pensando en esa dimensión para no tener desperdicio. Todas fueron decisiones que se acumularon una sobre la otra, para lograr el mejor edificio de oficinas que podíamos hacer dentro del presupuesto que teníamos.

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¿Este concepto innovador se vio reflejado en la gestión comercial?

Nosotros vivimos de ser distintos, de entender que el mercado no aguanta más de lo mismo, que necesita de diferenciadores y que los premia. La última oficina se vendió en $3.200 el m2, cuando en Oceanía se están vendiendo en $1.750 el m2. Además tuvimos la precaución de cumplir con todos los requisitos para obtener la Certificación LEED, porque queríamos ser atractivos para empresas multinacionales que exigen esos parámetros. Muchos piensan que esto encarece la construcción, pero en realidad es más costoso no hacerlo, porque si no lo hubiéramos hecho estaríamos compitiendo con más de 700.000 m2 de inventario de oficinas sin ninguna ventaja real.

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Buenaventura

Dentro del aspecto filosófico, ¿hay rentabilidad emocional para el arquitecto?

Todo proyecto tiene una rentabilidad emocional e implica un proceso de aprendizaje muy valioso. El arquitecto debe conocer requisitos municipales para cumplirlos, debe ser sicólogo para entender los deseos del cliente, debe conocer tendencias de arquitectura y sistemas constructivos, saber de ergonomía y espacialidad para crear espacios cómodos que no sean claustrofóbicos, debe atender las demandas del mercado, etc. Es un trabajo de malabaristas. Al final del día, sin afán de sermonear a nadie, pienso que los arquitectos no se pueden quedar nada más en la forma, porque entonces son escultores.

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Atrio Mall

Mencionaste tendencias de arquitectura, ¿cómo describirías la tuya?

En Arango+ nos fascina la diversidad. Es apasionante un día diseñar casas grandes y al siguiente un edificio de oficinas, un centro comercial, una torre de 60 pisos, porque nuestra arquitectura ve más allá del inmediatismo. Hay un mundo que necesita de arquitectos que empleen métodos sustentables para construir, que diseñen proyectos rentables, edificios que mejoren las condiciones de vida del ser humano. Si me fuerzas a darte una respuesta sobre mi tendencia arquitectónica, la describiría alejada de una respuesta estética, porque estoy enfocado hacia responder ante los temas pragmáticos de la manera más limpia y honesta, tanto en la práctica diaria cuanto en las respuestas que da nuestra arquitectura.

Fotos de Gustavo Arango: Ángel Pérez

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